Esclavos de sus propios destinos

Rafael Lutzardo

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Foto: www.fronterad.com

Rafael Lutzardo, periodista y escritor.
Rafael Lutzardo, periodista y escritor.

En el otro lado del mundo hay otra vida, otra sociedad, otra civilización que Occidente no quiere ver. Ese país se llama República Democrática del Congo, donde cientos de niños son utilizados como esclavos para extraer cobalto, elemento esencial para alimentar las baterías recargables de litio utilizadas en millones de productos de estas compañías tecnológicas. El cobalto es un elemento esencial para alimentar las baterías recargables de litio utilizadas en millones de productos que Apple, Google, Dell, Microsoft y Tesla venden anualmente. La insaciable demanda de cobalto, impulsada por el deseo de contar con tecnología portátil barata, se ha triplicado en los últimos cinco años y se espera que se duplique de nuevo a finales de 2020. La RDC, uno de los países más pobres e inestables del mundo, proporciona más del 60% del cobalto utilizado.

Muchas son las entidades y asociaciones que han denunciado la explotación infantil en la República Democrática del Congo, pero hasta ahora nadie ha querido asumir la responsabilidad de intentar descubrir lo ya señalado anteriormente. Cuenta un periodista que los niños son sacados por las noches de sus casas para que los inspectores de Naciones Unidad no les vean trabajar en las minas de cobalto. De la misma manera, Siddharth Kara, investigador y escritor acaba de publicar ‘Cobalto rojo’, un libro donde invita a reflexionar sobre la explotación que sufren cientos de miles de personas en el Congo para extraer el mineral con el que se fabrican las baterías

Lo cierto es, que cuando compramos un teléfono móvil, tablee o una batería para el coche, proviene de las manos inocentes de cientos de menores; esclavos de sus propios destinos. Así es nuestro mundo actual, donde los seres humanos siguen siendo el mayor peligro para vivir en el planeta tierra. Mientras tanto, nos preguntamos: ¿dónde están las personas que representan los Derechos de los Niños? Lo malo de todo esto es que muchos son los países que se nutren del cobalto. China, EE UU y Europa, son los países que se benefician de este producto y de la mano de obra infantil.

Un mundo desigual e injusto. Un mundo convertido en fábrica de explotación de menores. Menores, que han tenido la mala suerte de nacer en un país explotador y abusivo. Mientras tanto, el mundo sigue su curso normal, nadie quiere ver lo que en realidad esta sucediendo en el otro lado de mundo. Así es como vivimos los europeos, ese mundo occidental que se nutre de la mano de obra de la esclavitud infantil. Compramos ropas y calzados de firmas reconocidas, pero no queremos darnos cuenta que todas esas vestimentas vienen de una mano de obra de explotación de menores. Lo mismo sucede con el basalto, donde compramos baterías, móviles y tablees para las grandes cadenas y firmas comerciales.

Así es la vida de miles de niños en el mundo, los cuales han tenido la mala suerte de nacer un país maldito, dictatorial, donde las castas son prioritarias, siendo las más pobres las que no tienen derecho a la educación ni a la sanidad, pero si ser explotadas a los trabajos más primarios y duros. Niño y niñas que han nacido para ser esclavos/as de sus propios destinos. Lo malo de todo esto es que Occidente; Europa, el mundo asiático y América, se prestan como negociadores del cobalto; mediadores de un negocio que es explotado por niños menores. Da asco vivir en un mundo, donde muchos seres humanos, especialmente los líderes que gobiernan el mundo, sean tan depredadores y asquerosamente explotadores de unos menores inocentes.

Por último, en el llamado Cinturón de Cobre de la República Democrática del Congo están los depósitos de cobalto más grandes del mundo. Se trata de un subproducto de la minería de cobre y estaño, y más de la mitad de la producción mundial viene de esa provincia. Una vez extraído de los oscuros túneles de Kasulu, frecuentemente son intermediarios ilegales o funcionarios corruptos los que lo transportan a la costa. Desde allí va hacia China, donde se purifica para ser suministrado a fabricantes de baterías, que actualmente tienen una demanda récord. Así es el mundo donde vivimos.

                                                                         Rafael Lutzardo, periodista y escritor.


 

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Esclavos de sus propios destinos
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Esclavos de sus propios destinos
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Artículo de opinión de Rafael Lutzardo, periodista y escritor
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